
Un milagro está por ocurrir, un sueño está más cerca de lo que imaginamos, un boleto y un puesto se mantienen a la espera en tierras africanas. Vítores, euforia, esperanza, un sí se puede, son los compañeros perfectos que enaltecen a una selección venezolana de fútbol, que por años, ha estado en busca de una visa para un sueño, tal como diría el cantautor Juan Luis Guerra, y hoy vemos posible el sueño vinotinto.
La presión se eleva siempre que la vinotinto anota un gol, ése que ha sido pateado con convicción, pasión y mucha fe de querer, con orgullo representar a Venezuela en un mundial. Estrategias, técnicas, pero sobretodo mucho amor es lo que los jugadores y su entrenador César Farías le han puesto a esta selección, que muestra una cara distinta, dejando atrás los errores, para jugar pensando en ganar-ganar, sin temer a los rivales.
Los dos últimos partidos son prueba de la capacidad y talento futbolístico que Venezuela ha desarrollado. Chile y Perú podrán decir que se han conseguido con un rival más fuerte y recargado, pues su objetivo ante los chilenos era ganar, no obstante logramos el empate y la constancia de mantenernos en la lucha. Perú se encontró nuevamente en terreno venezolano, ligando acabar con la racha de diez años, al no ganar juego alguno en esta hermosa tierra, una vez más la vinotinto los superó.
Sólo estamos a dos fechas de continuar avanzando en la tabla de posiciones y llegar a la clasificación. Dos equipos ya cómodos esperan por nosotros, Paraguay y Brasil, ambas selecciones con experiencia, a las que con preparación, inteligencia, y constancia sabremos enfrentar para asegurar nuestro boleto y puesto en Suráfrica.
No sabré de fútbol lo suficiente, pero lo que si les plasmo en estas líneas es la pasión que ha crecido por nuestra vinotinto, mi vinotinto, ésa en la que Richard Páez confió y puso a jugar, la que se tropezaba y se levantaba al caer, ésa que sabía perder, pero que anhelaba ganar. Esa misma vinotinto es la que hoy está a solo pasos de ver el nombre de Venezuela dibujado en cada balón pateado, en cada gol anotado, en la euforia de los fanáticos y las preocupaciones de los rivales, en las gradas y terreno de juego de cada estadium de la tierra africana.
Como fanáticos nos queda seguir brindando el apoyo que hemos demostrado todo este tiempo a una gran selección, a un equipo de jóvenes futbolistas que sueñan lo mismo que nosotros, esos que nos hacen gritar fuerte ¡Que Viva La Vinotinto! Continuemos en esta emocionante y eufórica lucha del SUEÑO VINOTINTO.
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